El reciclador, capitulo 2.
Inspirado en la vida de Brandon Gandarilla.
Analepsis:
El sol del mediodía golpeaba implacablemente la cubierta del barco, haciendo que el aire se calentara hasta el punto de sentirse pesado y sofocante. George, Thomas y Josh se mantenían firmes frente al proveedor, Andrew, cuya figura imponente se erguía frente a ellos. A sus 65 años, Andrew irradiaba una presencia dominante, su cabello gris revuelto por el viento marino y su piel curtida por décadas de trabajo en el mar.
George, el anciano líder de la isla, parecía estar en su elemento, con su túnica desgastada ondeando al viento mientras mantenía una postura firme y decidida. Sus arrugas profundas y sus ojos oscuros reflejaban la sabiduría acumulada a lo largo de los años, así como la determinación de proteger a su comunidad.
Thomas, con su cabello corto y rizado alborotado por la brisa marina, estaba lleno de energía y determinación. A pesar de su juventud, su mirada ardiente demostraba una confianza inquebrantable en su causa. Su piel tostada por el sol tropical brillaba con el reflejo del mar, y sus ojos oscuros centelleaban con la emoción de enfrentarse a un desafío.
Josh, el padre de Thomas, se mantenía un poco más atrás, pero su presencia era igualmente impresionante. Con su estatura imponente y sus rasgos marcados por años de trabajo duro bajo el sol abrasador, emanaba una sensación de fuerza y determinación. Sus ojos oscuros observaban con atención cada movimiento de Andrew, listos para intervenir si fuera necesario.
El aroma salado del mar impregnaba el aire, mezclándose con el olor a combustible del barco y el sutil perfume a madera antigua. El sonido de las olas rompiendo contra el casco del barco creaba una melodía constante y reconfortante, mientras que el chirrido ocasional de las gaviotas añadía un toque de vida al entorno marino.
Andrew: Lo siento, pero no voy a bajar los precios.
George: Entonces buscaremos a alguien más a quien venderle nuestra basura.
Andrew: No pueden hacer eso.
Thomas: Sí podemos. Podemos encontrar a otra persona dispuesta a cobrar un precio justo.
Andrew: están ocupando esta isla ilegalmente. Podría hacer que los expulsen en un abrir y cerrar de ojos.
Thomas: Está bien. Vámonos.
Josh: ¿Eso es todo?
Thomas: No, tengo un plan. Todo lo que necesitamos es salir de la isla y buscar un abogado que nos ayude a resolver este problema.
Fin del analepsis.
El sol del atardecer pintaba el cielo con tonos dorados y rosados mientras George, Josh, Thomas y John (un hombre alto y delgado de pelo negro que era secretario de la comunidad gracias a sus limitados conocimientos de lectura), qse paraban frente a una lancha con motor que estaba en el mar y que Thomas había construido con esmero.
Josh: Thomas, quiero que cuides de tu madre mientras estamos fuera.
Thomas: Iré contigo.
Josh: Eres demasiado joven para enfrentarte a esto.
Thomas: ¿Qué vas a decirle al abogado cuando nos pregunte el procedimiento exacto que necesitamos?
Josh: Está bien, puedes venir con nosotros.
El grupo sube la lancha rápidamente, Josh levanta la bolsa que contiene los ahorros del pueblo. Thomas se adelanta para encender el motor de la lancha, el sonido sordo y reconfortante del motor cobrando vida bajo sus manos expertas. El olor a gasolina mezclado con el aroma salado del mar llena el aire, creando una sensación de anticipación y emoción en el grupo mientras se preparan para partir.
La lancha se desliza suavemente hacia la costa de la isla más cercana después de horas de navegación. El sonido de la ciudad moderna llega a sus oídos mientras se acercan a tierra. El zumbido constante de la actividad humana, el rugido distante del tráfico y el murmullo de la gente que va y viene crea una sinfonía urbana que contrasta con el silencio tranquilo de su isla natal.
Después de unas horas de caminata por las bulliciosas calles de la ciudad moderna, George, Josh, Thomas, John y los demás se encuentran frente a la modesta oficina de un abogado recién egresado. La fachada se alza ante ellos, destacándose entre los edificios vecinos con su sencillez y sobriedad.
Al entrar en la modesta oficina del abogado, un hombre de mediana edad con traje y corbata, Josh, Thomas, John y los demás son recibidos. Al observar sus ropas desgastadas, el abogado frunce el ceño ligeramente, sintiendo un leve disgusto ante la apariencia descuidada de nuestros protagonistas.
La oficina del abogado es sencilla pero ordenada, con estantes llenos de libros de leyes y una máquina de escribir antigua en el escritorio. El abogado, un hombre de mediana edad con traje y corbata, observa a nuestros protagonistas con una mirada escrutadora pero profesional.
Thomas: ¿Sería capaz de conseguir un amparo para una comunidad que ocupa un territorio?
Abogado: ¿Con cuánto dinero cuentan?
Thomas: No estamos seguros.
Abogado: Déjenme hacer una llamada.
El abogado marca un número en su teléfono y espera mientras suena.
Abogado: Hola, amigo. Necesito tu ayuda. ¿Cuánto sería un precio justo para realizar un trámite de amparo?
En ese momento, Josh se vuelve hacia Thomas.
Josh: ¿Cuánto dinero tenemos?
Thomas: ¿Cómo que cuánto tenemos? El tesorero eres tú, papá.
Josh: Soy el guardián del dinero, no significa que esté revisando la cantidad todos los días.
Thomas: Sería más fácil si me dieran el puesto de contador.
Josh: Eres muy joven para eso.
Thomas: ¿Cuál es el impuesto?
Josh: Un dólar y cuarto anual.
Thomas: Un dólar y cuarto. Cuatrocientos multiplicado por 1.25 por veinte son diez mil.
Josh: Mejor cuantalos.
Josh abre su bolsa y Thomas saca un montón de billetes pequeños.
Josh: ¿Cuánto necesitas?
Abogado: ci-(mira con avaricia el dinero de la comunidad)-nientos dólares.
Thomas: ¿Cuánto?
Abogado: Quinientos dólares.
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