El reciclador, capitulo 1.

Inspirado en la vida de Brandon Gandarilla.


Thomas, un joven de dieciocho años,  con cabello corto y rizado, pedaleaba con determinación sobre su bicicleta eléctrica, construida con piezas recicladas y mejorada con sus propios inventos. A pesar de su aspecto juvenil, su mirada reflejaba una sabiduría que iba más allá de sus años. Sus ojos oscuros brillaban con la chispa del conocimiento, contrastando con la piel tostada por el sol tropical.


Mientras avanzaba por las polvorientas calles de la isla, no podía evitar sentir tristeza al observar su entorno. La isla, conocida como "la isla basura", estaba literalmente cubierta de desechos. Montañas de basura se alzaban en en una gran porción del territorio, emitiendo un olor acre que se mezclaba con el húmedo aroma del mar. Las casas miserables, construidas con materiales improvisados y rodeadas de desperdicios, ofrecían un sombrío telón de fondo para la vida cotidiana de los habitantes.


Thomas había nacido en este entorno desolado, pero su mente inquisitiva y su sed de conocimiento lo habían llevado a explorar el mundo a través de los libros que devoraba vorazmente. Desde una edad temprana, demostró una prodigiosa habilidad intelectual, pero para sus compatriotas, su genio pasaba desapercibido o era despreciado.


La historia de la isla era lamentable. Hacía veinte años, una nación europea había otorgado una concesión a Estados Unidos para utilizar la isla como vertedero de basura. Lo que una vez fue un paraíso tropical ahora se había convertido en un páramo tóxico, explotado por intereses extranjeros sin escrúpulos.

Thomas llegó a la casa más "respetable" de la isla, una construcción modesta pero un poco más sólida que las demás, donde se reunía el anciano líder (George) frente a una multitud de cuatrocientos personas. La gente  miraba a Thomas  con curiosidad y cierta dosis de desconfianza por su bicicleta eléctrica, un objeto desconocido en aquel entorno rudimentario.

El anciano líder, sentado en una silla rudimentaria en el centro del patio, era un hombre de aspecto venerable, con arrugas profundas que marcaban su rostro curtido por el sol. Su cabello blanco como la espuma del mar estaba recogido en una trenza, y sus ojos oscuros y sabios escudriñaban la multitud con seriedad. Vestía una túnica gastada pero impecable, un símbolo de su posición de autoridad en la isla.

La multitud se agitaba inquieta, murmullos de preocupación y frustración se mezclaban en el aire espeso y cargado de humedad. La situación en la isla era cada vez más desesperada. Dependían de la venta de la basura reciclable a un hombre que luego les proveía de productos básicos, pero este proveedor había estado incrementando los precios de manera exorbitante. La comida empezaba a escasear, y el hambre se cernía sobre la comunidad.

George se puso de pie con dificultad, apoyándose en un bastón tallado con habilidad artesanal. Su voz, aunque cansada, resonaba con autoridad y determinación mientras dirigía la atención de la multitud hacia él.


"Amigos y vecinos", comenzó el anciano con voz grave y solemne. "Hemos enfrentado muchas dificultades en el pasado, pero esta crisis es horrible. Nuestro proveedor nos está ahogando con sus precios injustos, y la comida escasea en nuestras mesas. Debemos encontrar una solución antes de que sea demasiado tarde."

Thomas se posicionó al lado de sus padres en la reunión. Su padre, un hombre de estatura imponente con rasgos marcados por el sol y los años de trabajo duro, tenía una habilidad basica para los números que lo había llevado a ser seleccionado como tesorero de la isla hace algunos años. La madre de Thomas, una mujer de semblante sereno y ojos cálidos, era el contrapunto perfecto de su esposo. Aunque su educación formal era limitada, había cultivado un profundo amor por el conocimiento y una habilidad rudimentaria para leer, una habilidad que compartía con su hijo desde una edad temprana. Juntos, habían explorado las páginas de los libros que Thomas devoraba a un ritmo impresionante de tres mil palabras por minuto, superando con creces los estándares de alfabetización de la isla.

Thomas: (levantando la mano con determinación) ¿Puedo hablar?


George: (asintiendo) Adelante, Thomas. La palabra es tuya.

Thomas: Recientemente he estado leyendo un libro sobre agricultura y creo que podría ser una buena idea para nuestra comunidad empezar a producir nuestros propios alimentos.


Miembro de la multitud: (burlón) ¿Qué sabrás tú de agricultura, muchacho? La vida no es como en esos inútiles libros que lees.


Thomas: (manteniendo la compostura) Los libros son muy útiles, pueden ofrecer soluciones a nuestros problemas.


Otro miembro de la multitud: ¿Y qué sabes tú sobre la vida real? Lo verdaderamente importante es la madurez y la experiencia, no tenemos por qué escuchar a un simple adolescente.


Anciano líder: (interviniendo) ¡Basta! Todos merecen ser escuchados. Thomas tiene una idea, y debemos darle una oportunidad al joven.

Thomas: Primero, necesitaremos juntar la arena menos contaminada que podamos encontrar y crear macetas junto al pueblo. Luego, debemos recolectar todos los alimentos putrefactos que podamos para obtener semillas y hacer abono, ya que nuestra tierra es estéril. Además, necesitamos encontrar una fuente de agua.


Miembro de la multitud: (riendo) ¿Ves a lo que me refiero con no escuchar a un "mocoso"? El agua que compramos al proveedor apenas alcanza para beber.


Thomas: Yo sé cómo construir una desalinizadora.


Otro miembro de la multitud: Usar palabras complicadas no significa nada.


Thomas: Sería un aparato que permitiría utilizar el agua del mar para regar las plantas.


Miembro de la multitud: ¡Imposible vivir del agua del mar!


Reciclador: ¡Eso es porque la sal es lo que lo impide!


Miembro de la multitud: No levantes la voz a tus superiores, eres más joven que nosotros.


Madre de Thomas: Mi niño es muy inteligente.


Miembro de la multitud: No lo parece.


Madre de Thomas: ¿No les parece extraña la bicicleta que usa Thomas? Nadie aquí puede comprar una así.

Miembro de la multitud: Da igual de dónde la haya sacado.


Madre de Thomas: No la encontró, la construyó. Ha hecho cosas más impresionantes. George, ven conmigo a nuestra casa.

El grupo avanzaba en silencio, el líder de la comunidad, el padre de Thomas y el propio Thomas, siguiendo a la madre con una mezcla de curiosidad y expectación. Al llegar a la casa George observaba con asombro, sus ojos se posaban en una intrincada red de cables que serpenteados por las paredes, conectando una infinidad de aparatos domésticos que eran un lujo desconocido para la mayoría de los habitantes del pueblo. La licuadora zumbaba suavemente en una esquina.  microondas emitía un suave zumbido. La radio sonaba, aunque no era factible sintonizarla a ninguna estación.

Madre de Thomas: Todo esto es creación de mi hijo.


Líder de la comunidad: (asombrado) Impresionante. Haré lo que él sugiere.

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