El gran ingeniero, capitulo 1.

 El sol del atardecer teñía de tonos dorados el cielo sobre una selva, mientras dos sujetos se hallaban en la costa, el primero era Victor Menesterius, un adolescente de catorce años. El segundo era yet Fortachón un adulto de apenas diecinueve años, ambos se hallaban frente a la imponente masa verde. Victor, con su cabellera rubia ondeando ligeramente en la brisa tropical, contrastaba con sus intensos ojos azules que parecían absorber cada matiz del entorno. A pesar de su baja estatura, su porte denotaba una confianza serena y una mente inquisitiva que nunca descansaba. Victor había Sido, desde su infancia, un genio sin igual, tenía intención de llegar a las trece colonias para estudiar los secretos del llamado "nuevo mundo", aunque en ese momento habían tomado una parada en algún lugar de Sudamérica.


A su lado, yet Fortachón destacaba por su imponente estatura de dos metros y medio y una musculatura desarrollada que hablaba de años de trabajo arduo. Su piel oscura resplandecía bajo los rayos del sol, marcada por las huellas de su pasado como esclavo. Sin embargo, su mirada reflejaba una determinación feroz y una lealtad inquebrantable hacia su amigo Victor. Aunque sus orígenes fueran distintos, la amistad entre estos dos jóvenes trascendía cualquier barrera social o racial. Quería llegar a las trece colonias porque Victor lo había convencido de que las inimaginables cantidades de oro de aquel lugar le permitirán, incluso a yet, volverse un hombre increíblemente rico.


Detrás de ellos, se alzaba un barco mediano que los había traído hasta este punto remoto de america, ahora silencioso y majestuoso en su anclaje. El aire estaba impregnado con el olor húmedo de la selva, mezclado con el suave murmullo de las hojas y el canto distante de aves exóticas. Simultáneamente, sobre la nave estába el capitán del barco, un hombre curtido por el mar, con una barba espesa y salpicada de canas, se encontraba en la cubierta revisando los mapas con un gesto de concentración. A su lado, uno de los miembros de la tripulación, un joven marinero con una cicatriz prominente en la mejilla y ojos inquietos, se acercó con una expresión nerviosa.

Marinero: (tosiendo para llamar la atención) Capitán, necesito hablar con usted.


El capitán levantó la vista de los mapas, frunciendo el ceño ante la interrupción.


Capitán: ¿Qué es lo que tienes que decir, hombre?


Marinero: Es sobre ese joven, Victor Menesterius, señor. He visto algo interesante.

El capitán arqueó una ceja, indicándole al marinero que continuara con su relato.


Marinero: Estaba pasando por el pasillo cerca de la cabina de Victor y, bueno, escuché un tintineo. Cuando me asomé, vi que tenía un pequeño cajón lleno de monedas de oro.


El capitán frunció el ceño, su expresión volviéndose más seria mientras procesaba la información. Observó al joven marinero con atención antes de tomar una decisión.


Capitán: ¿Estás seguro de lo que viste?


Marinero: Absolutamente, señor. No me cabe duda.


El capitán asintió lentamente, antes de levantarse con determinación. Simultáneamente Victor y yet comenzaron a dar un paseo para explorar el enorme entorno que se hallaba frente a ellos. A medida que avanzaban, el aroma de la vegetación se intensificaba, mezclándose con el dulce perfume de las flores tropicales y el penetrante olor a tierra húmeda. El sonido del agua corría en el fondo, como un eco lejano que invitaba a la exploración. Yet, con su imponente figura, abría camino entre la maleza con facilidad, mientras que Victor seguía a su lado.

Después de algunas horas Victor Menesterius y yet Fortachón habían regresado a la costa después de un divertido paseo en la naturaleza, pero algo había cambiado. Donde antes se alzaba el barco que los había traído a esta isla remota, ahora solo quedaba un vacío desolador. Victor, con su mente aguda y perspicaz, comprendió al instante la situación: estaban varados en esta isla sin ningún medio de transporte para regresar a europa, de dónde habían llegado. Un destello de preocupación cruzó su rostro, pero lo ocultó rápidamente tras una máscara de serenidad.


Sin embargo, yet permanecía ajeno a la gravedad de la situación, su rostro iluminado por una sonrisa despreocupada. Miró alrededor con curiosidad, como si esperara ver el barco aparecer en cualquier momento, sin comprender la verdad que se ocultaba ante sus ojos. Su inocencia era conmovedora, pero también desgarradora en su ignorancia.

Victor: (con la mirada fija en enormes objetos cuya superficie parecía flotar en el mar) Yet, mira allí, esos baúles... Son nuestros suministros, todo lo que necesitábamos para sobrevivir en el continente, desde mi laboratorio hasta la comida.

Yet: (mirando hacia donde señala Victor) ¿Por qué están flotando en el mar? ¿No estaban los tripulantes guardandolas?

Victor: (suspira) Creo que la tripulación los tiró. Probablemente estaban tratando de reducir la carga del barco para que pudieran continuar su viaje más rápido.


Yet: ¿Pero a dónde se fueron? ¿Cuándo volverán por nosotros?


Victor: (sacude la cabeza) No lo harán, yet.

Yet: (con voz temblorosa) ¿Qué quieres decir con que no regresarán? ¿Cómo vamos a salir de aquí?


Victor: (tratando de mantener la calma) No lo sé todavía, Yet. Pero debemos mantener la calma y pensar con claridad. Encontraremos una solución, lo prometo.

Yet: (sintiéndose abrumado) Pero... pero... (comienza a sollozar)


Victor: (se acerca y pone una mano reconfortante en el hombro de Yet) Está bien, Yet. Estamos juntos en esto. Vamos a descubrir cómo salir vivos de aquí, no importa qué.


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