Alexander xocolatl, capitulo 1.

 Alexander Xocolatl se encontraba sentado en su modesta casa, iluminada por la tenue luz del atardecer que se filtraba por las cortinas desgastadas. Sus manos morenas y delgadas sostenían con cuidado el álbum de fotos familiar, cuyas páginas amarillentas mostraban la historia de su linaje. Sus ojos oscuros recorrían cada imagen con una mezcla de nostalgia y determinación.


En las fotografías más recientes, capturadas en el antiguo restaurante familiar, se veía a su difunto padre, un hombre de semblante serio pero cálido, inaugurando el negocio con orgullo. 

Ahora, el restaurante yacía en silencio y en decadencia. Las grandes cadenas de comida habían eclipsado su encanto y tradición, dejando a Alexander con una herencia amarga y endeudada. La sensación de fracaso se mezclaba con la nostalgia que impregnaba el ambiente, recordándole los días felices que una vez vivió entre esas paredes.

El álbum se deslizó de las manos de Alexander con un susurro apenas perceptible, cayendo con un suave golpe sobre el suelo desgastado de madera. El sonido resonó en la habitación, rompiendo la quietud del momento. El olor a polvo se levantó en el aire al ser perturbado por el movimiento, inundando las fosas nasales de Alexander con su aroma seco y terroso.


Con un estremecimiento, Alexander observó cómo el álbum se abría por la mitad, revelando las páginas llenas de recuerdos y momentos congelados en el tiempo. El sonido del papel crujiente al doblarse rompió el silencio, añadiendo una textura audible a la escena.


Al agacharse para recoger el álbum, Alexander sintió la rugosidad del suelo bajo sus manos, las astillas ásperas que se clavaban ligeramente en sus dedos. La sensación táctil del papel arrugado y desgastado por los años era palpable mientras lo sujetaba con cuidado, tratando de evitar dañar aún más las frágiles páginas llenas de memorias familiares.

Mientras se agachaba para recoger el álbum, Alexander sintió cómo la madera áspera del suelo presionaba contra sus rodillas, enviando un cosquilleo incómodo por sus piernas. Sus dedos se cerraron alrededor del álbum, pero antes de levantarlo por completo, algo atrajo su atención.


Bajo el álbum, una hoja de papel yacía en silencio, casi oculta a la vista. Al extender la mano para tomarla, Alexander notó la ligera textura rugosa del papel entre sus dedos, el roce suave de las fibras que componían la hoja.

Con manos temblorosas, Alexander desplegó la hoja y sus ojos se posaron en el contenido, revelando un intrincado mapa trazado en un lenguaje indígena desconocido para él. 

El corazón de Alexander dio un vuelco cuando sus ojos se posaron en la parte superior del mapa, donde una firma en letra cursiva destacaba en contraste con los símbolos indígenas que llenaban el resto de la página. La firma era familiar, demasiado familiar, y un escalofrío recorrió su espina dorsal mientras su mente intentaba procesar la revelación.

Con determinación resplandeciendo en sus ojos, Alexander se levantó de su asiento con un suspiro decidido. Cada músculo tenso y listo para la acción, podía sentir la anticipación electrificante que corría por su cuerpo mientras se preparaba para desvelar los secretos ocultos tras el mapa.

Horas después: 

El automóvil de Alexander se deslizaba suavemente por las calles adoquinadas del pequeño pueblo, el suave murmullo de los neumáticos sobre el pavimento llenaba el aire con un sonido reconfortante y familiar. El olor a tierra mojada y vegetación fresca se filtraba por las ventanas abiertas, mezclándose con el aroma a gasolina que flotaba en el aire.


A medida que el vehículo se detenía frente a una modesta casa de paredes de adobe, el motor ronroneaba suavemente antes de apagarse con un suspiro silencioso. Alexander salió del automóvil.

Al levantar la mano para tocar la puerta de madera desgastada, Alexander sintió la textura áspera bajo sus dedos, recordándole la historia y la tradición que habían sido testigos de aquel lugar. El golpeteo leve de su puño contra la madera resonó en la tranquilidad del vecindario, anunciando su llegada con modestia y respeto.


Mientras esperaba, podía saborear el aire fresco y puro del campo, un contraste refrescante con el aire más cargado de la ciudad. Cada inhalación era como un bálsamo para su alma, renovando su espíritu y preparándolo para el encuentro que estaba por venir.

El motor del automóvil de Alexander se apagó con un suspiro silencioso, llenando el aire con un zumbido que se desvanecía lentamente. Al abrir la puerta del conductor, un chirrido suave resonó en el aire, seguido del crujido de la hierba bajo sus pies al bajar del vehículo.

Con el mapa firmemente sujeto en una mano, Alexander sintió la textura del papel entre sus dedos, las arrugas y pliegues que hablaban de su antigüedad y misterio. Cada detalle tallado en el papel parecía cobrar vida bajo sus yemas, invitándolo a descubrir los secretos que ocultaba.


El sonido de sus pasos resonaba en la quietud del entorno, el crujido de la grava y el césped bajo sus pies marcaban el ritmo de su avance hacia la casa. Con cada sentido alerta y agudizado, Alexander se preparó para el encuentro que lo aguardaba, sabiendo que el mapa que sostenía en sus manos era la clave para desentrañar los misterios del pasado.

Con paso firme, Alexander se acercó a la puerta de la humilde casa. Al levantar la mano para tocar la puerta, el crujido de la madera bajo sus nudillos envió una vibración a través de sus dedos, un eco sutil pero tangible de su contacto con la estructura sólida. 

Después de unos momentos de espera, la puerta se abrió lentamente, revelando a una anciana mujer de porte digno y mirada sabia. La Tía-abuela de Alexander, con sus cabellos blancos como la nieve peinados en una trenza larga que caía sobre su hombro encorvado, emanaba una presencia serena pero imponente. Sus arrugas profundas contaban historias de una vida larga y llena de experiencias, mientras sus ojos oscuros brillaban con una chispa de inteligencia y conocimiento acumulado a lo largo de los años.


El aire alrededor de la anciana parecía vibrar con una energía ancestral, como si estuviera conectada de alguna manera con las raíces profundas de la tierra y la historia de su linaje. Su vestimenta sencilla, compuesta por una falda larga y una blusa bordada a mano, resonaba con la tradición y la cultura que habían sido transmitidas de generación en generación en su familia.

A medida que la Tía-abuela de Alexander lo invitaba a entrar con un gesto amable, el sonido suave de su voz resonaba en la habitación, llenando el espacio con una melodía suave y reconfortante. Era la única persona en la familia que aún conservaba el conocimiento del idioma original de los antepasados aztecas, así como la genealogía que los conectaba con la realeza perdida en el tiempo.

Tía-abuela: "¡Alexander, querido! ¡Pasa, pasa! Es un placer verte."


*Alexander se inclina levemente en señal de respeto y entra en la casa, llevando el mapa consigo.*


Alexander: "Gracias, Tía-abuela. Es un placer volver a verte también."


*Tía-abuela cierra la puerta tras él y lo guía hacia el interior de la casa, donde una atmósfera acogedora y familiar lo envuelve.*


Tía-abuela: "¿Qué te trae por aquí, mijo?

Alexander: "He descubierto algo que creo que podría ser importante. Pero necesito tu ayuda para entenderlo."


*Tía-abuela arquea las cejas con curiosidad, pero su mirada sigue siendo amable y comprensiva.*


Tía-abuela: "Por supuesto, hijo. Siéntate, cuéntame todo sobre ello. Estoy aquí para ayudarte en lo que necesites."


*Alexander asiente agradecido y se sienta frente a su Tía-abuela, listo para compartir el misterio del mapa y buscar juntos las respuestas que tanto anhela.*

La Tía-abuela tomó el mapa con cuidado, sus arrugadas manos acariciando las líneas trazadas con un gesto reverente. Sus ojos oscuros recorrieron el texto y los símbolos con una intensidad casi palpable, su expresión pasando de la curiosidad inicial a una mezcla de asombro y incredulidad a medida que absorbía la información ante sus ojos.

Tía-abuela: "Este mapa... ¡es increíble! Durante toda mi vida, mis tíos y hermanos lo buscaron sin éxito."


Alexander: "Lo encontré en el álbum familiar, entre las fotos de mi padre."


*Tía-abuela suelta una risa.*


Tía-abuela: "¡Ah, mi abuela siempre fue una mujer excéntrica! Nunca se sabe lo que podría haber escondido entre sus pertenencias."


*Alexander asiente, intrigado.*


Alexander: "¿Hacia dónde nos lleva este mapa?"


Tía-abuela: "Son indicaciones de un tesoro."


*Alexander se emociona.*


Alexander: "¿Qué tipo de tesoro?"


Tía-abuela: "¿Has oído hablar de la leyenda del tesoro de Cuauhtémoc?"


Alexander: "Sí, algo he escuchado al respecto."


*Tía-abuela asiente.*


Tía-abuela: "La ruta de este mapa se remonta a esa época. Se dice que Cuauhtémoc poseía un tesoro oculto."


*Alexander muestra un brillo de ambición en sus ojos.*


Alexander: "¿De verdad crees que podría encontrar el oro de Cuauhtémoc con este mapa?"


*Tía-abuela encoge los hombros.*


Tía-abuela: "No estoy segura. Algunos afirman que Cuauhtémoc entregó el oro pero guardó algo aún más valioso."


*Alexander pregunta con ansias.*


Alexander: "¿Qué podría ser ese secreto?"


*Tía-abuela niega con la cabeza.*


Tía-abuela: "No tengo idea."


*Alexander siente una intensa ambición al imaginar las posibilidades.*

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