Ramsung Galactic, capitulo 6.

 Juan despertó en la habitación de hotel con una punzada de luz que se filtraba a través de las cortinas apenas entreabiertas. El murmullo distante del tráfico se filtraba por la ventana abierta, llevando consigo el aroma penetrante de la ciudad en la mañana. La cama, suave y acogedora, contrastaba con el golpeteo persistente en su sien, marcando el ritmo constante de su dolor de cabeza.


Al moverse, el crujido de las sábanas bajo su cuerpo resonaba en sus oídos, añadiendo una capa de sonido incómoda a la escena. Las paredes de la habitación, pintadas en tonos apagados, absorbían el sonido y daban un ambiente silenciado a su entorno.

 ¿qué pasó?" —preguntó Juan, con la cabeza dolorida y la mirada ligeramente confusa.

¿Desea un recuento, señor, de lo sucedido ayer?" —preguntó el Ramsung, su voz mecánica resonando en la habitación de hotel.


"Sí" —respondió Pérez, apretando su frente con una mano.


"A partir de ¿qué hora, señor?" —preguntó el Ramsung, esperando orientación.


"Desde que me emborraché" —responde Pérez con un suspiro.


El Ramsung procede a explicar detalladamente la secuencia de eventos de la noche anterior. "Cuando observé que usted había gastado dos mil dólares, señor, le indiqué al mesero que quería liquidar la cuenta. Después, le informé que era hora de irse. Luego, solicité un taxi que los llevó al hotel de cuatro estrellas más cercano y reservé una habitación. Posteriormente, ordené un almuerzo y, a petición suya, solicité la presencia de una dama de compañía".

"Dama de compañía..." —preguntó Pérez, tratando de recordar mientras su cabeza late con cada palabra.


"Sí, señor. Una dama de compañía" —confirmó el Ramsung, notando la expresión perpleja en el rostro de Pérez.


"¿No era un sueño entonces?" —dice Pérez, sus ojos se ensanchan con la sorpresa mientras el recuerdo de la despampanante morena de cuerpo delgado, cabello largo y más 1.70 metros de altura comenzaba a tomar forma en su mente.

La puerta se abre con un suave chirrido, revelando un trabajador del hotel de aspecto pulcro y profesional. Su uniforme impecable resplandece con un blanco brillante, mostrando insignias que indican su posición. El aroma fresco y ligeramente floral de la habitación de hotel se mezcla con la entrada del trabajador, llevando consigo una sensación de limpieza y eficiencia.


El hombre, de tez amable y ojos atentos, sostiene una bandeja que lleva consigo una selección de alimentos. Su cabello perfectamente peinado y su barba recortada contribuyen a una apariencia ordenada y bien cuidada. Cada paso que da produce un suave crujido en el suelo de madera, añadiendo una dimensión sonora a su presencia.


La bandeja, adornada con un mantel blanco y pulcro, lleva consigo una sinfonía de aromas. El humo suave de una taza de café recién hecho se entrelaza con la frescura de frutas cortadas y el aroma reconfortante de huevos y tostadas. El trabajador avanza con la bandeja hacia Pérez, llenando la habitación con esta mezcla de olores que despiertan los sentidos.


El sonido del agua vertiéndose en el vaso de cristal agrega otra capa auditiva a la escena, un tintineo refrescante que complementa los demás sonidos de la habitación. La textura del vaso bajo los dedos del trabajador y el crujir de hielo al ser depositado en el agua crean una experiencia táctil sutil pero presente.


Pérez, aún sintiendo el eco de su dolor de cabeza, agradece internamente la llegada del trabajador. Este coloca la bandeja con precisión en una pequeña mesa cerca de la cama, ofreciendo una visión tentadora de los manjares que trae consigo. La vista de los huevos revueltos humeantes, las frutas frescas y las tostadas doradas estimula el apetito de Pérez.


La Aspirina, una pequeña tableta blanca envuelta en plástico, se convierte en el foco de la atención de Pérez. Al abrir el envoltorio, el sonido suave del plástico arrugándose agrega otro matiz sonoro a la habitación. La tableta en sí emana un aroma característico que evoca la promesa de alivio. La Aspirina, colocada en la lengua de Pérez, se disuelve con un sabor amargo, acompañado por el frescor del agua que la sigue.

El trabajador del hotel, con una inclinación respetuosa, sale de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Pérez, con la cabeza aún pulsante por la resaca, observa la bandeja de alimentos con mezcla de agradecimiento y apetito.


"¿Tú solicitaste esto?" —pregunta Pérez al Ramsung, señalando la bandeja.


"Sí, yo fui, señor. Pensé que podría necesitar algo para recuperarse después de la noche de ayer" —responde el Ramsung con su tono mecánico.


Un momento después, la expresión de Pérez cambia abruptamente, y una preocupación repentina se apodera de él. "¡Espera, no tengo dinero para pagar el hotel!" —dice Pérez, levantándose de la cama con exaltación.


"No se preocupe, señor. Ya tomé el dinero del fondo de emergencia. Puede devolverlo después" —asegura el Ramsung, intentando calmar la ansiedad de Pérez.


Pérez se frota la frente, intentando procesar la información en medio de su dolor de cabeza persistente. "¿A cuánto asciende el fondo de emergencia?" —pregunta, consciente de la urgencia de la situación financiera.


"Debido al gasto actual de doce mil dólares, el fondo es de 988 dólares" —informa el Ramsung de manera precisa, perez se deja caer en la silla, asimilando la noticia.

¿De quién es ese dinero?" —pregunta Pérez.

Suyo, señor. Es para cualquier emergencia que pueda surgir" —responde el Ramsung con su tono metálico habitual, transmitiendo la tranquilidad de tener recursos disponibles.


Pérez arquea una ceja, procesando la información. "Entonces, ¿puedo gastar todo ese dinero libremente?" —pregunta con una chispa de incredulidad en su tono.


"Si la emergencia persiste a largo plazo, ese sería el caso, señor" —explica el Ramsung de manera imperturbable, ofreciendo una perspectiva sobre el uso del fondo.


"Largo plazo..." murmura Pérez, pensativo. La idea de tener un fondo de emergencia con un alcance más extenso de lo que inicialmente imaginaba le da una sensación de seguridad.


"Sí, el gasto diario permitido es de 33,333 dólares, señor" —informa el Ramsung, proporcionando detalles adicionales sobre las posibilidades de utilización del fondo.

"Comprendo" —responde Pérez, aunque todavía se encuentra procesando la magnitud de esa cifra. La realidad de tener acceso a tal cantidad de dinero es abrumadora y, al mismo tiempo, intrigante.


"Sin embargo, señor, para salir de la emergencia, le recomendaría empezar a generar dinero para devolverlo al fondo" —aconseja el Ramsung, inyectando un toque de responsabilidad financiera en la conversación.


Pérez asiente, reconociendo la lógica detrás de la sugerencia. "¿Y cómo hago eso?" —pregunta, curioso por explorar opciones que le permitan recuperar la estabilidad financiera.


"Depende, ¿qué tipo de negocios le interesan?" —pregunta el Ramsung, abriendo la puerta a posibilidades comerciales.


Pérez, en un tono ligero y en parte en broma, comenta: "Me gustaría uno que requiera poco trabajo". La idea de emprender algo sin una carga laboral significativa le resulta atractiva en su situación actual.


"Las criptomonedas son lo más recomendable, señor" —sugiere el Ramsung, brindando una opción que parece alinearse con los requisitos de Pérez.


"Pero no tengo dinero" —responde Pérez, señalando la ironía de considerar una inversión cuando su situación financiera actual está lejos de ser boyante.


"No se preocupe, señor, puede tomar prestado del fondo de emergencia y pagar después" —ofrece el Ramsung, presentando una solución que, aunque factible, lleva consigo la responsabilidad de devolver lo prestado.


Además, Pérez destaca: "No tengo los conocimientos necesarios". La falta de familiaridad con el mundo de las criptomonedas genera dudas en su capacidad para abordar esta nueva aventura financiera.


"No se preocupe, señor. Cuento con las instrucciones necesarias para recomendarle inversiones" —asegura el Ramsung, mostrando su utilidad no solo como asistente personal, sino también como guía en el complejo mundo de las inversiones digitales.

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