Ramsung Galactic, capitulo 5.
Juan cruzó la puerta del califa con una mezcla de expectación y nerviosismo. Era un lugar conocido por sus platillos exquisitos y su ambiente acogedor, pero para Juan, acostumbrado a la vida sencilla, este tipo de establecimientos eran raros territorios a explorar. Vestido con su camiseta desgastada y pantalones de mezclilla gastados, Juan no encajaba precisamente con la clientela habitual del lugar, que lucía elegante y refinada en sus trajes de noche y vestidos de diseñador.
La suave iluminación creaba un ambiente cálido y acogedor, mientras las mesas bien decoradas con manteles blancos resplandecían con una elegancia que destacaba la diferencia entre la vida de Juan y la de aquellos que disfrutaban de tales lujos. Las risas suaves y las conversaciones animadas flotaban en el aire, mezclándose con la melodía suave del piano que resonaba en la distancia.
Rodrigo, de tez morena y ojos vivaces, emanaba una calidez genuina. Su cabello negro y bien peinado resaltaba su atención al detalle. Llevaba consigo una bandeja en la mano, listo para atender a los comensales con una sonrisa profesional.
Cuando Rodrigo se aproximó a Juan, este último percibió la tensión en el aire. Rodrigo, aunque intentaba mantener una expresión neutral, no pudo evitar que sus cejas se fruncieran levemente al observar a Juan, cuya presencia contrastaba notoriamente con la clientela habitual.
Rodrigo: le pido que entienda que este es un lugar de alta categoría y algunos clientes pueden sentirse incómodos con... (buscó las palabras adecuadas) con ciertos aspectos.
Ramsung Galactic: (con voz mecánica) Señor Juan, he detectado un malestar en la interacción con el mesero. ¿Desea que intervenga?
Juan: (mirando a Rodrigo y asintiendo sutilmente) Sí, creo que sería buena idea.
Ramsung Galactic: Por favor, acérqueme a la altura del rostro del mesero. Juan levanta el Ramsung Galactic y lo dirige hacia Rodrigo.
Ramsung Galactic: Buenas noches, señor Rodrigo. Soy el asistente personal del señor Juan Pérez. ¿Hay algún inconveniente que podamos resolver para mejorar la experiencia en su establecimiento?.
Rodrigo: No quisiera ser grosero, pero algunas personas se sienten incómodas con... (baja la voz) ciertos aspectos.
Ramsung Galactic: ¿Podría especificar qué aspectos causan incomodidad?
Rodrigo: (señalando discretamente la vestimenta de Juan) Es... las ropas, señor. No son apropiadas para este lugar. Esto es un establecimiento de alta categoría y, bueno, las harapientas ropas del señor Pérez dan mal aspecto.
Ramsung Galactic: No se preocupe, señor Rodrigo. Puedo gestionar la adquisición de ropas apropiadas para el señor Juan Pérez y asegurarme de que se ajuste al entorno del restaurante.
Ramsung Galactic: (a Juan) Señor Juan, tengo acceso a varias tiendas cercanas. ¿Podría indicarme sus preferencias de estilo y talla para adquirir la vestimenta apropiada?
Juan: Supongo que algo sencillo pero adecuado para el lugar. Mi talla es "M".
Ramsung Galactic: Entendido, señor Juan. En breve, llamare a alguien a traerle las ropas.
Veinte minutos después, mientras Juan esperaba fuera de la entrada, un Didi se deslizó hasta la entrada del restaurante, su motor apenas audible en medio de la animada calle. Con un silencioso susurro, las puertas del vehículo se abrieron y un hombre bajó, sosteniendo un paquete cuidadosamente envuelto en sus manos, Vestido con una camisa verdad y pantalones cafes, Al llegar frente a Juan, el hombre extendió el paquete con una sonrisa cordial. El roce del papel contra la piel de Juan emitía un sonido suave y familiar. Las ropas, envueltas con cuidado, exudaban el aroma fresco de tela nueva, un olor inconfundible que prometía elegancia y sofisticación.
Al deshacer el paquete, Juan pudo sentir la textura suave y fresca de la tela entre sus dedos. La sensación de la prenda, que contrastaba con sus ropas desgastadas, era como un toque de lujo contra su piel. Los colores oscuros de la tela azul marino se destacaban en la tenue luz de la calle, creando una imagen visual que resonaba con elegancia.
Juan se retiró discretamente hacia el baño, guiado por el suave resplandor de las luces empotradas en el techo. Al abrir la puerta, el aroma fresco y limpio del jabón flotaba en el aire, mientras que el suave murmullo del extractor proporcionaba un rincón de tranquilidad en medio de la animada actividad del restaurante.
Al cerrar la puerta de la cabina, el suave clic resonó en sus oídos, sumiéndolo en un momento de privacidad. El suelo de baldosas frías envió una sensación nítida a través de sus zapatos, recordándole el contraste con la calidez del comedor. Al desabrochar los botones de su camisa desgastada, sintió la textura áspera de la tela gastada en sus dedos, un marcado contraste con el tacto suave y fresco de las nuevas prendas que lo esperaban.
Al salir del baño, el sonido de sus pasos sobre el suelo pulido resonaba en la atmósfera serena del pasillo. Rodrigo, con su calidez habitual, lo esperaba pacientemente. Al regresar a la mesa, el suave crujir de la silla al deslizarse sobre el suelo añadió un toque acústico a la escena.
Sentado ahora en el nuevo atuendo, Juan se sumergió en el menú con las páginas entre sus dedos, percibiendo la ligera rugosidad de las hojas. Al decidirse por unos tacos, el aroma embriagador de la cocina invadió su olfato, mezclándose con la fragancia del vino que ya comenzaba a impregnar el aire.
Cuando Rodrigo trajo la botella de vino, el sonido del corcho al ser retirado llenó el aire con un pop suave y satisfactorio. Al verter el líquido en la copa, el tono claro y cristalino del vino creó un destello visual que resonaba con promesas de deleite.
Con la primera copa en la mano, Juan llevó el borde del cristal a sus labios, saboreando la complejidad del vino. El sabor afrutado y la textura sedosa se entrelazaron en su lengua, completando la experiencia sensorial que transformó su visita al Califa en un festín para el paladar.
"Invito un trago a todos los presentes!"-Gritó Juan embriagado, Un estruendo momentáneo que provocó un cambio en la atmósfera del lugar, Los ritmos animados golpeaban los oídos de Juan, fusionándose con la risa contagiosa y las conversaciones animadas que ahora lo rodeaban. El bullicio del restaurante aumentó, inundándolo con una sinfonía de sonidos que daban vida al lugar, El aroma a alcohol y perfume se intensificó a medida que las compañías femeninas, atraídas por la oferta de Juan, se acercaban. Una mezcla embriagadora de fragancias dulces y sensuales flotaba en el aire, creando una nube perfumada alrededor de la mesa de Pérez.
Las copas chocaron con un tintineo melodioso cuando Juan, envuelto en la excitación del momento, comenzó a gastar exorbitantes cantidades de dinero. El sonido metálico de monedas y billetes intercambiándose de manos resonó en su conciencia, marcando la transformación del ambiente íntimo del Califa en un escenario de derroche y extravagancia.
Los sabores de los tragos variados se mezclaban en la lengua de Juan, creando una paleta sensorial embriagadora. El amargor del alcohol, la dulzura de los cócteles y la sensación cálida del licor se fundieron en una experiencia gustativa que desencadenó risas y gritos festivos a su alrededor.
A medida que la noche avanzaba, el calor del bullicio y la euforia se volvía palpable. La textura suave de las telas de la ropa de Juan contrastaba con el roce ocasional de las manos femeninas y las risas que llenaban el aire.
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