Los inolvidables, capitulo 6.
La oficina de Grupo Norteamérica, ubicada en un rascacielos imponente en el corazón de Nueva York, emanaba una atmósfera de negocios serios. Tao, vestida con un traje negro que destacaba su presencia elegante y misteriosa, se encontraba en la planta ejecutiva de esta empresa multinacional. La decisión reciente de contratar un nuevo CEO había creado un revuelo en los pasillos, y Taho, con sus habilidades estratégicas afiladas como cuchillos, vio la oportunidad perfecta para tejer su intrincada red de engaños, había entrado a la red digital del corporativo y se había hecho pasar por la nueva directora de la empresa.
La oficina resonaba con los sonidos típicos de un entorno corporativo: teléfonos que sonaban, murmullos de conversaciones discretas y el suave zumbido de las computadoras. Tao, con una serenidad calculada, caminaba por los pasillos, suavemente ajustando los pliegues de su traje mientras se dirigía hacia la oficina del nuevo CEO, la pieza central de su estrategia maestra.
Al entrar en la oficina, el aroma fresco de la madera recién pulida envolvía el aire. El mobiliario elegante y moderno, meticulosamente colocado, aportaba un toque de refinamiento a la habitación. Taho percibía el tenue perfume del ambientador de vainilla que flotaba en el aire, una elección discreta pero efectiva para crear un ambiente acogedor en un entorno de negocios.
El sonido de sus tacones resonaba en el suelo de mármol mientras se acercaba al escritorio del nuevo CEO, que había llegado con grandes expectativas para dirigir la empresa. Taho, con su mente estratégica en pleno funcionamiento, se sentó en la silla detrás del escritorio, un lugar que temporalmente ocuparía como parte de su elaborado plan.
Taho se hallaba inmersa en una batalla táctica que trascendía las fronteras geográficas. El calor intenso, ajeno a las gélidas tierras rusas que había dejado atrás, se cernía como un desafío adicional en este escenario ajeno. El sudor perlaba su frente, una prueba física del cambio abrupto de climas, pero su mente táctica permanecía imperturbable.
Frente a la luminosa pantalla de la computadora en la empresa, la cual destilaba un calor similar al del entorno, Tao orquestaba una danza digital. En el plano de Ramson, ese sofisticado artefacto ideado por su astuto hermano, se encontraba la clave para algo tan monumental como la inmortalidad. La luminosidad de la pantalla reflejaba la brillantez de la estrategia que se estaba gestando, una estrategia que involucraba la solicitud de movimientos de recursos complejos y extraños componentes electrónicos.
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