Los inolvidables, capitulo 4.
En el inhóspito paisaje de Siberia, Taho se encontraba en el trineo tirado por perros recientemente comprados, deslizándose a través de la vastedad blanca e interminable. El crujido de la nieve fresca bajo las patas de los perros creaba una sinfonía rítmica que resonaba en el silencio glacial. El frío penetrante, como agujas afiladas, se insinuaba a través de cada capa de ropa, dejando una sensación de frescura en la piel expuesta.
Los copos de nieve danzaban en el aire, aterrizando suavemente en el rostro de Taho, donde se derretían en pequeñas gotas frías. El aroma nítido y limpio de la nieve fresca llenaba el aire, una mezcla de pureza y la fragancia sutil de la tundra siberiana. La respiración profunda de Taho, visible en el aire gélido, creaba pequeñas nubes vaporosas que se disipaban lentamente.
En sus manos, el pequeño aparato de Industrias Ramson emitía un zumbido suave mientras se conectaba a la red, una conexión tecnológica en medio de la naturaleza prístina, no solo poseía un rango de detección de red ilimitado sino además energía casi infinita, La sensación táctil del dispositivo, frío al tacto pero vibrante con la energía de la conexión, se mezclaba con la textura áspera de los guantes que protegían las manos de Taho del crudo clima siberiano.
A medida que el trineo avanzaba, los ojos de Taho capturaban la vastedad del horizonte blanco y la belleza silenciosa de Siberia. La luz del sol reflejaba destellos en los cristales de hielo que adornaban los árboles cercanos, creando un resplandor mágico que iluminaba la escena, sus helado ojos azules que se asemejaban al ártico no se apartaban ni por una décima de segundo de aquel punto móvil que se desplazaba a una velocidad increíble para tratarse de una creatura de tales dimensiones.
En el frío y desolado paisaje, un alce corría con un estruendo de patas sobre los suelos helados, su aliento visible en el aire con cada exhalación. El sonido rítmico de sus pezuñas resonaba en la quietud del entorno.
De repente, el sonido agudo de la cuerda de liana siendo golpeada resonó en el aire. El impacto vibró en la trampa ingeniosamente colocada por Taho. La textura áspera de la cuerda contra la pata del alce creó un crujido audible.
En un instante, la escena se transformó en caos. El alce, desequilibrado, emitió un chillido agudo que cortó el aire. el majestuoso animal perdió el equilibrio, su cuello golpeó una larga roca puntiaguda.
En la modesta cabaña, el crujir de la madera creaba una sinfonía rústica mientras Taho y los perros compartían un festín de carne de alce. La luz tenue de la lámpara de carburo arrojaba sombras danzarinas en las paredes desgastadas. El aroma ahumado de la carne cocinada llenaba el aire, creando una atmósfera acogedora y reconfortante.
Taho, con la mirada fija en su aparato, estaba absorta en una tarea trascendental. Su expresión reflejaba no solo el hambre físico que compartía con los perros, sino también una voracidad intelectual. Cada bocado de carne de alce estaba acompañado por un destello en sus ojos, una determinación férrea que trascendía el calor de la cabaña.
Mientras masticaba, sus ojos se desviaban constantemente hacia la pantalla del aparato. La luz azulada del dispositivo iluminaba sutilmente su rostro concentrado, creando un halo de anticipación. Era como si estuviera desentrañando los secretos del universo desde la simplicidad de esa cabaña.
El silencio ocasional se rompía solo por los sonidos de los perros disfrutando de la comida y el crepitar de la leña en la chimenea. El humo se elevaba lentamente hacia el techo de la cabaña, formando espirales en el aire, mientras Taho tejía su estrategia desde la mesa desgastada.
La base de datos de Ramson revelaba un proyecto fascinante relacionado con la inmortalidad, y Taho, aún en la etapa inicial, estaba segura de su capacidad para llevarlo a la vida. En ese rincón remoto, la cabaña se llenaba de una energía peculiar, una mezcla de expectación y determinación, como si en ese momento sencillo se estuviera forjando el destino de algo extraordinario.
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