El espejo del diablo, capitulo 1.

 En la tenue penumbra de la habitación, el hombre de piel morena se hallaba absorto en su tarea prohibida. El aroma a incienso oscuro impregnaba el aire, sus notas amaderadas acariciando las narices de quienes se aventuraran a acercarse. La vela parpadeante, apenas iluminando la mesa, arrojaba sombras danzantes que conferían un aura misteriosa al lugar.


Sus dedos, ágiles y seguros, recorrían las páginas amarillentas del antiguo grimorio. Cada página producía un susurro apenas audible, como si los secretos encerrados en el texto ancestral quisieran escapar. La tela de su túnica oscura crujía levemente con cada movimiento, como si protestara ante la oscuridad que estaba por desencadenarse.




Al pronunciar las palabras del conjuro, su voz resonaba en la habitación, cargada de un tono grave y ominoso. El sonido vibraba en el ambiente, envolviendo a quienes escuchaban en una atmósfera cargada de energía oscura. Mientras tanto, el sutil tacto de las páginas gastadas del grimorio bajo sus dedos revelaba la antigüedad del conocimiento prohibido.


En un instante, el lugar se saturó de un aura carmesí, tiñendo cada rincón con un resplandor siniestro. Un zumbido persistente, similar al incómodo murmullo de una multitud de moscas, llenó el espacio, zumbido que resonaba en los oídos de Huseín como un ominoso preludio.




La masa roja, viscosa y pulsante, empezó a materializarse en la periferia de la habitación. Su entrada fue acompañada por un olor metálico y rancio, un aroma que se deslizaba insidiosamente por las fosas nasales de Huseín, dejando un regusto desagradable en su boca.




A medida que la masa avanzaba, emitió un sonido sutil pero palpable, como el crujir de hojas secas bajo pies pesados. El contacto de la sustancia con el suelo generó una sensación viscosa y resbaladiza bajo los pies de Huseín, como si la realidad misma cediera ante la presión de la entidad roja.




El momento culminante llegó cuando la masa, ahora como una corriente voraz, se abalanzó hacia Huseín. El sonido de su entrada en la boca del estudiante de artes oscuras resonó como un susurro sobrenatural, mientras la mezcla de sabores amargos y metálicos se fundía en su lengua. La textura, similar a la de una gelatina espesa, desencadenó una sensación de repulsión y extrañeza en cada rincón de su boca.


Huseín se encontró repentinamente atrapado en un espacio abismal, donde la oscuridad se cerraba a su alrededor como un abrazo implacable. El silencio pesado resonaba en sus oídos, una ausencia de sonido que creaba una sensación de vacío, solo rota por el eco lejano de sus propios pasos inciertos sobre una superficie desconocida.


.Frente a él, emergió lentamente una figura grotesca: una mosca gigante, con un zumbido profundo que reverberaba en el aire. El sonido vibraba en el pecho de Huseín, creando una incomodidad que se expandía por todo su cuerpo. El zumbido, combinado con un olor a tierra húmeda y descomposición, inundaba sus sentidos, generando una experiencia sensorial abrumadora.


Huseín: (con voz temblorosa) ¿Qué eres tú? ¿Por qué estoy atrapado aquí?




Creatura: (una voz gutural y profunda) Soy el remanente de Baal, el señor de las moscas. Tu conjuro me ha llamado.


Huseín: (con incredulidad) ¿Baal? ¿El demonio de las antiguas leyendas?




Creatura: (con una risa siniestra) He encontrado refugio en las sombras de tu alma. He observado tu deseo de poder, y ahora estoy aquí para reclamar lo que es mío.


Huseín: (con nerviosismo) ¿Reclamar qué? ¿Qué es lo que quieres de mí?




Creatura: (con un tono frío) Tu cuerpo. 


Un portal tembló en el espacio frente al demonio, desgarrando la realidad con una voracidad incontrolable. El resplandor que emanaba de su interior tintineaba en los ojos de Huseín, una luminosidad cegadora que acariciaba sus retinas con un fulgor desconcertante. Un estruendo sordo acompañó la apertura del portal, resonando en sus oídos como el rugir distante de una tormenta lejana.


Cuando el demonio cruzó el umbral, una ráfaga de viento caliente se precipitó hacia Huseín, un susurro abrasador que rozó su piel y dejó una sensación de calor pegajoso en su superficie. El aire que soplaba desde el portal llevaba consigo un aroma a azufre, impregnando la atmósfera con un hedor acre que penetraba en las fosas nasales de Huseín.




Con la partida del demonio, el portal se cerró bruscamente, dejando a Huseín atrapado en un lugar indeterminado. La oscuridad lo rodeó, un abrazo denso que le susurraba la presencia de lo desconocido. En este reino extraño, los sonidos eran tenues y distorsionados, como ecos distantes que se perdían en la vastedad sin límites.


En nuestro mundo, el cuerpo de Huseín experimentó una transformación abrupta. La sensación de cambiar de forma fue impactante, como si cada célula se reconfigurara en un caos silencioso. La metamorfosis se tradujo en la adopción de la forma gigantesca de una mosca. 


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