El curandero, capitulo 4.
Flashback:
En una sala de partos una mujer pelirroja de piel blanca y cuerpo delgado yace en la cama de hospital, su cuerpo tenso reflejando la inminencia del momento. La luz tenue del cuarto se filtra a través de las cortinas semiabiertas, creando una atmósfera suave y difusa. El sonido constante de monitores cardíacos y el susurro distante de las conversaciones en el pasillo se mezclan en el aire.
El aroma clínico de desinfectante flota en el aire, mezclado con la tenue fragancia de las flores frescas que adornan la habitación. Cada bocanada de aire lleva consigo una amalgama de olores, desde la limpieza aséptica del hospital hasta el delicado perfume que busca su lugar en ese entorno médico.
La temperatura en la sala está cuidadosamente controlada, pero aún así, se percibe un ligero frescor en el ambiente. Las sábanas blancas y la ropa de cama tienen una textura suave bajo los dedos de la mujer, proporcionando un contraste reconfortante con la tensión que se apodera de su cuerpo.
La madre observa a su recién nacido con una mirada llena de expectación. La luz tenue del lugar acaricia la escena, creando sombras suaves en la habitación. La fragancia de los productos de limpieza y el suave aroma a talco de bebé impregnan el aire, construyendo una atmósfera familiar y hospitalaria.
El sonido del latido cardíaco del bebé es un suave susurro, como el murmullo de la vida recién llegada. Cada movimiento delicado del recién nacido es casi imperceptible, pero la madre lo percibe con una aguda sensibilidad maternal.
En este momento de silencio expectante, la madre no escucha el llanto reconfortante que debería acompañar el nacimiento. La tensión se acumula en la sala, un silencio sobrecogedor interrumpido únicamente por los suaves sonidos del personal médico en sus tareas cotidianas.
La madre, con los ojos fijos en su hijo, siente la textura suave y cálida de la manta que envuelve al recién nacido. La tensión en la habitación es palpable, y la madre, con el corazón latiendo con una mezcla de emoción y ansiedad, percibe la atmósfera cargada de expectación.
De repente, una explosión de energía desata un torbellino de sensaciones. La madre siente un impacto de frente, como si una ráfaga de viento caliente y eléctrico la envolviera por completo. El sonido de la explosión resuena en sus oídos, un estruendo ensordecedor que corta el silencio con brutalidad. Un sabor metálico se instala en su boca, como el preludio de algo extraordinario y a la vez devastador.
El calor intenso envuelve a la madre, y la sensación táctil del impacto se mezcla con la extraña vibración que sacude su cuerpo. La habitación se ilumina momentáneamente con una luz cegadora, como si la misma esencia de la explosión dejara una huella luminosa en la retina de la madre. La madre muere, esa fue la primera víctima de Angelo.
De regreso al presente:
Angelo se encuentra ante un coloso arquitectónico, el gigantesco templo se alza majestuosamente frente a él. La vista se pierde en las alturas del edificio, donde intrincadas esculturas y relieves adornan sus paredes. La muralla que lo rodea, imponente y sólida, proyecta una sombra que parece extenderse hasta el horizonte, generando una sensación de grandeza y misterio.
A medida que Angelo se acerca, el aroma a incienso y antigüedad impregna el aire, como si las piedras mismas respiraran historias milenarias. La mezcla de esencias sagradas y el polvo que se acumula en las piedras crea una atmósfera única, transportando a Angelo a un lugar donde el tiempo parece haberse detenido.
El sonido de pasos resonando en el suelo de piedra se entrelaza con un susurro sutil, como si las paredes del templo guardaran secretos susurrados por los vientos del tiempo. Cada paso de Angelo parece resonar con la magnitud del lugar, un eco que sugiere la antigua sabiduría que yace dentro de esos muros.
En la cima de los laterales de la muralla, una multitud de seres oscuros se alinea, susurran entre ellos en una sinfonía de voces guturales. La visión de sus formas oscuras se mezcla con la sensación táctil de un aura densa y pesada que emana de su presencia.
Los seres oscuros, alzando las manos en un gesto ominoso, generan una cacofonía de sonidos aterradores. Este susurro gutural resuena en los oídos de Angelo, creando una sensación de malestar auditivo que parece penetrar su conciencia.
En el aire, el aroma acre y rancio de la energía oscura se intensifica a medida que los seres oscuros acumulan su poder. La atmósfera se carga con un olor desagradable, como si la misma esencia de la oscuridad dejara una huella tóxica que Angelo puede percibir con cada inhalación.
Los destellos de esa oscura luminiscencia se reflejan en los ojos de Angelo, mezclando colores apagados con sombras profundas.
De repente, la gigantesca esfera de energía oscura se forma sobre la cabeza del ser oscuro central. La vista de este objeto se combina con un rugido sordo que resuena en los oídos de Angelo. La esfera emite una luminosidad oscura y amenazante, desafiando la percepción visual de Angelo mientras se prepara para ser lanzada.
En un instante, la esfera es lanzada, Cuando la esfera de energía oscura impacta contra Angelo, un estruendo ensordecedor se apodera del entorno. El sonido violento reverbera en sus oídos como un trueno inmisericorde, Angelo responde expulsando una monumental aura de energía blanca, una brutal colosal explosión absorbe las murallas, desintegrando a todos los seres oscuros de las mismas.
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