El curandero, capitulo 1.

 En una penumbrosa habitación, Angelo Adriano, un hombre desaliñado de profundos ojos cafés y cabello negro como la noche, se encontraba de pie, envuelto en una toga que evocaba la solemnidad de un monje. La toga, antes impecable, ahora mostraba las marcas del tiempo y el viaje. El ambiente estaba cargado de un silencio tenso, solo roto por el débil murmullo de las velas danzantes.


Frente a él, yacía una mujer demacrada en una cama, su rostro pálido reflejaba la cruel lucha contra una enfermedad que parecía consumirla lentamente. La habitación, en apariencia tan normal como cualquier otra, estaba a punto de ser testigo de algo extraordinario.


El sonido de la respiración entrecortada de la mujer creaba una atmósfera de sufrimiento. Angelo cerró los ojos por un momento, sumergiéndose en la melodía de la agonía que inundaba la estancia. 

Angelo extendió sus manos, emanando una abrumadora luz blanca, y tocó las manos de aquella mujer que rápidamente sintió un corriente de vitalidad recorrer su cuerpo, en un acto extraordinario su cuerpo recuperó toda su fuerza, pasando de la demacracion a una robustez aceptable, Angelo había salvado una vida de nuevo.

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