Cordman, capitulo 7.

 Bajo el resplandor de las luces de la Ciudad de México, Amancio se deslizaba entre las calles nocturnas, envuelto en el sigilo de la noche, lo cubría un traje de cuerpo completo que estaba conformado por varias capas de las resistentes fibras que salían de su cuerpo.

A una corta distancia, Amancio percibió un estruendo ensordecedor de los disparos, como truenos distantes que resonaban en el aire. Cada detonación cortaba la quietud de la noche, generando un eco ominoso que se expandía por las calles.

Corrió hacia la fuente del sonido, A medida que avanzaba por las desiertas calles, la vista de un vecindario cerrado captó su atención. Un imponente barandal de tres metros de altura se interponía entre él y la fuente de los disparos. La estructura metálica se alzaba como una barrera impenetrable, desafiando su avance.

Se detuvo frente al imponente barandal, una frontera física que le exigía encontrar una solución, Amancio extendió sus cuerdas con destreza. Las fibras mágicas emergieron de sus dedos, brillando en la penumbra como hebras luminosas. Con movimientos precisos, las cuerdas se entrelazaron formando una estructura resistente, una escalera improvisada que se extendía hacia arriba.

Al llegar a la cima del barandal, Amancio se encontró con un paisaje urbano inquietante. Luces intermitentes destellaban en la penumbra, proyectando sombras danzantes que revelaban la violencia en desarrollo. El sonido de los disparos, ahora más cercanos, resonaba con una intensidad que reverberaba en sus oídos.

Al llegar al frente de la casa donde se originaba el sonido amanció pudó observar una horrosa escena, los cuerpos muertos de una familia entera yacían desangrados en el suelo, siete hombres armados estaban a solo unos metros de aquella casa, se trataba de un grupo de sicarios, aquel lugar era controlado por narcotraficantes.

Un estruendo ensordecedor de disparos, llenó el aire, resonando como truenos desencadenados en la noche, El sonido agudo de las armas de fuego reverberaba en su pecho, una percusión implacable que aceleraba el latido de su corazón.


Las balas, proyectiles mortíferos que cortaban el espacio con velocidad letal, impactaban contra el traje de Cordman. El sonido de las balas chocando contra las fibras resonaba en el aire, un repiqueteo metálico que se mezclaba con el retumbar de los disparos. Cada impacto vibraba en el traje, enviando ondas de choque que Amancio podía sentir en su piel como una sucesión de golpes sordos y persistentes.


El olor acre del humo de la pólvora llenaba el ambiente, una fragancia penetrante que se adhería a las fosas nasales de Amancio. La mezcla de olores metálicos y químicos flotaba en el aire, creando una atmósfera viciada que advertía de la violencia que desataba cada bala disparada.

La vista se llenaba de destellos luminosos cuando las balas chocaban contra el traje de Cordman. El resplandor breve pero intenso iluminaba la escena de forma intermitente, revelando la danza mortífera de los proyectiles. La luz parpadeante, acompañada por el trazo fugaz de las balas, pintaba un cuadro efímero pero aterrador en la oscuridad.

El asombro silencioso colmaba el ambiente mientras amanció permanecía imperturbable, una figura inquebrantable en medio del caos balístico. El sonido distante de sirenas de la policía se filtraba en el aire, agregando una capa adicional de tensión a la escena. El estruendo de los disparos aún resonaba, aunque ahora eclipsado por la presencia imponente de Amancio.

A medida que Amanció desplegaba infinitas fibras, el sonido inconfundible del movimiento, un susurro suave y persistente, se mezclaba con el ambiente cargado. La vista de las fibras emergiendo, como tentáculos invisibles en la penumbra, creaba una escena surrealista. La luz de la luna se filtraba entre los edificios, revelando la danza enigmática de las fibras que se extendían hacia los sicarios con precisión letal.

Los cuellos de los sicarios eran envueltos por las fibras. La luz de la luna resaltaba las formas retorcidas de los individuos atrapados, creando sombras alargadas que marcaban su inminente inconsciencia. La visión, un testimonio visual de la habilidad única de Cordman, se grababa en la retina de quienes presenciaban el evento.


El silencio se apoderaba de la calle cuando los sicarios, asfixiados hasta la inconsciencia, caían al suelo con un sonido sordo. La ausencia repentina de disparos creaba un vacío auditivo, una pausa en la sinfonía de la violencia. Los cuerpos inertes yacían en el pavimento, su presencia tangible en el mundo físico, aunque su conciencia había sido arrebatada.

Amancio, retirándose con la misma determinación que había exhibido en la confrontación, dejaba tras de sí una estela de asombro y desconcierto. El sonido de sus pasos, ahora solitarios en la calle en silencio, resonaba como un eco persistente. La fragancia de la victoria y el miedo se aferraban al aire, marcando este episodio en la memoria de quienes habían sido testigos de la habilidad sobrenatural de Amanció.

Al día siguiente un vídeo sobre amanció se popularizó en redes, la gente lo apodó "Cordman", a su vez, la inepta y corrupta policía mexicana lo declaró enemigo público número uno.

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