El chico cuerda, capitulo 3.

 Amancio continuaba su travesía a través del desierto, el sol descendía lentamente en el horizonte, teñendo el paisaje con tonos dorados y naranjas que resaltaban la vastedad del entorno. La fina arena se hallaba bajo sus pies, mientras el viento caliente acariciaba su rostro, llevando consigo el aroma terroso  característico del desierto. 

A medida que Amancio se acercaba a dos estériles barrancos, el hambre volvía a apoderarse de él, un eco persistente que resonaba en su estómago. 

Una vez al borde del frente del barranco, la mirada de Amancio se encontró con una surrealista fila de cactus cargados de jugosas tunas, una presencia absurda que desafiaba la lógica del desierto. La sorpresa se entrelazó con una creciente inquietud, ya que, al recordar, era evidente que esos cactus no estaban allí antes.

una inquietante sensación de ser observado desde las sombras se apoderó de él. Un escalofrío recorrió su espina dorsal, un presagio latente que lo sumergió en un estado de alerta. 

Amancio, envuelto en un terror palpable, tomó la decisión de abandonar las alturas desoladas en busca de la civilización. El viento, ahora más fresco, soplaba con un susurro inquietante, llevando consigo un cambio en el aroma del entorno. El aire, antes impregnado de sequedad y aridez, comenzaba a llevar fragancias más diversas, anticipando la presencia de la civilización. 

Después de algunas horas de travesía, con la noche envolviendo el desierto en su manto oscuro, Amancio emergió frente a una carretera silenciosa. 

A lo lejos, las luces de un camión cortaban la oscuridad, dejando destellos fugaces en el horizonte. El rugir del motor resonaba como un murmullo distante, mientras el viento nocturno llevaba consigo el suave susurro de la carretera. La visión de las luces del camión titilaba, proyectando sombras danzantes en el pavimento y añadiendo una dimensión visual a la escena nocturna.

Amancio alzó las manos en un gesto de señal, rompiendo la quietud de la noche. El sonido agudo de su silbido se unió al eco del viento, creando una sinfonía breve pero audaz en la negrura de la noche. El camión, como una bestia metálica, respondió al llamado de Amancio, frenando con un estruendo que resonó en la carretera.

Amancio ascendió al techo del camión, donde se ató con las fibras que surgían de sus dedos. Con un rugir poderoso, el camión se puso en marcha, vibrando bajo los pies de Amancio. El sonido del motor, un ronroneo constante, se mezclaba con el eco del viento en movimiento. La iluminación de las luces del camión pintaba destellos intermitentes en la oscuridad.

Una aterradora escena de cataxias, manifestándose de la nada, se observó, la vista de estas formas caóticas surgiendo en la oscuridad era desconcertante, A medida que avanzaban durante minutos, la presencia de las cactaceas persistió, generando una sensación de inquietud que resonaba en la oscura extensión de la carretera. Finalmente, con un cese repentino, las cataxias se desvanecieron en la negrura, perdiéndose a la vista.

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