Domo, capitulo 3.
Jameson, con su figura robusta y cabello pelirrojo, se hallaba en la silla metálica, con el casco conectado a su cabeza.
En el instante en que Liam concentra su atención, una visión se despliega en su mente como una pintura cósmica. Observa la aparición de un globo terráqueo.
Liam, con el casco aún conectado, enfoca su atención en el punto rojo que destaca sobre la representación holográfica de Rusia. La sala, iluminada por la luz azulada de las pantallas, retiene el eco de sus respiraciones, mezclándose con el constante zumbido de la tecnología circundante.
Un círculo en el techo se abre con un suave crujido metálico, dejando filtrar un rayo de luz lunar. La brisa fresca del exterior serpentea a través de la abertura, llevando consigo el aroma a tierra seca y aires de lejanas tierras. Un tubo se eleva desde el suelo, y al subir, Liam experimenta la vibración y el pulso del mecanismo bajo sus manos.
Empuñando su poder, Liam carga la esfera de energía en las palmas de sus manos, y el sonido amortiguado del proceso se mezcla con la cadencia de su propia respiración. Con cada disparo, las esferas se lanzan al espacio. Lenta y majestuosamente, Rusia se extendía como una vastedad sin fin bajo el cielo inmutable. Millones de nanobots, diminutas partículas tecnológicas, descendieron desde lo alto de la atmósfera en un ballet silencioso y aparentemente inexorable.
A medida que se acercaban a la Tierra, los nanobots tejían patrones hipnóticos en la oscura bóveda celestial. Su presencia se anunciaba con un zumbido apenas perceptible, como el susurro de insectos cósmicos que se preparaban para sumergirse en el mundo terrenal. Las luces tenues de los asentamientos humanos parpadeaban, inconscientes de la amenaza que descendía sigilosamente desde el cosmos.
Liam Jameson, conectado con la red satelital y consciente de la invasión, mantenía su posición en el búnker de Taho. Las microesferas llegaron al país euroasiatico y comenza a contener a los nanobots.
El tiempo parecía dilatarse en ese espacio entre lo sobrenatural y lo terrenal. Mientras el conflicto se prolongaba en el cielo ruso, Liam se convertía en el protector de millones de vidas.
El cielo ruso, una vez lleno de la tranquilidad de la noche, ahora estaba marcado por la epopeya celestial. Cada centella de luz, cada resplandor de la esfera de energía, dejaba una huella fugaz en la vastedad estrellada. El firmamento se convertía en un lienzo dinámico.
Horas después de defender epicamente el planeta:
La noche descendía sobre la vastedad de Argentina, tejiendo un manto oscuro sobre las llanuras extensas y las montañas imponentes. Solo aquella nación faltaba.
En un instante, la pantalla principal mostró un punto rojo parpadeante sobre Argentina. La luz destellaba con una urgencia silenciosa, marcando el punto exacto donde los nanobots estaban a punto de caer.
En la pantalla, la cantidad de nanobots descendiendo era abrumadora. Eran como una lluvia de estrellas artificiales, pero su propósito estaba lejos de la belleza celestial. Liam, con determinación, levantó las manos y dejó que una esfera de energía fuese arrojada.
El punto rojo en la pantalla brilló con intensidad, marcando el momento en que los nanobots ingresaron a la atmósfera. La tensión en la sala aumentó, como si el mismo espacio estuviera aguardando la colisión de dos fuerzas opuestas.
Los nanobots descendían rápidamente, sus diminutas formas un enjambre oscuro que se aproximaba rápidamente a las coordenadas marcadas en la pantalla.
Las esferas de energía, ahora envueltas en un resplandor celestial, capturaron a cada nanobot en su órbita.
Liam, conectado con la red satelital, sentía la victoria en cada fibra de su ser. La información fluía en su mente, confirmando que los nanobots habían sido neutralizados. La pantalla principal, una vez marcada por el punto rojo de peligro, ahora mostraba coordenadas seguras, libres de la amenaza tecnológica.
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