Cordman, capitulo 4.

 Eran las dos de la mañana la rugido del motor del trailer vibraba a través de cada fibra del cuerpo de Amancio, un constante zumbido que resonaba en sus huesos mientras avanzaban por la carretera.

A medida que el camión avanzaba, las vibraciones del motor se transmitían a través de las fibras que Amancio había liberado desde sus dedos que lo conectaban con la bestia metálica que lo llevaba. 

El trailer avanzaba por la carretera que conectaba Hermosillo, Sonora, con otra ciudad en la distancia, al reconocer el paisaje de Hermosillo, Amancio decidió descender del trailer, sería más fácil regresar a su hogar en el distrito federal si partía de un punto conocido. Mientras se deslizaba hacia abajo,  fibras que surgían de sus dedos tejían una conexión con el suelo, transmitiéndole la textura y la temperatura de la tierra. El contacto con el suelo, firme y conocido, resonaba en cada fibra de su ser.

Amancio llevaba consigo una mochila roja, su fiel compañera que se posaba cómodamente en su espalda. La textura resistente de la tela bajo sus manos al ajustar las correas le recordaba la durabilidad de su leal acompañante. Al cargarla, el peso de los objetos esenciales generaba una sensación reconfortante, una conexión tangible con las herramientas necesarias para su día a día.

A medida que caminaba hacia el parque más cercano, el crujir de la gravilla bajo sus pies añadía una dimensión sonora a su experiencia. El sonido irregular y satisfactorio de cada paso resonaba en sus oídos, un eco que lo conectaba con la naturaleza del entorno. El murmullo distante de la ciudad se disolvía gradualmente, reemplazado por el susurro de la brisa entre los árboles.


Al llegar al parque, el aire fresco y enérgico le saludó con una fragancia revitalizante. La mezcla de aromas naturales, desde el césped recién cortado hasta las flores en pleno esplendor, llenaba sus pulmones. 

Los colores del parque se desplegaron frente a él: el verde intenso del césped, el matiz variado de las flores y la paleta de tonos de las hojas de los árboles. La mochila roja destacaba entre la naturaleza, un toque de vibrante color que se integraba armoniosamente en el paisaje. 

una pandilla de cinco individuos se interpuso en el camino de Amancio. La tensión se palpaba en el aire, y los sentidos del joven se agudizaron ante la amenaza inminente.

La vista se llenó de la presencia amenazadora de los cinco individuos. Sus posturas agresivas, el destello desafiante en sus miradas y la imponencia de sus figuras acabaron con la paz que anteriormente reinaba en el parque. La mochila roja, ahora un foco de interés indeseado, resaltaba en el escenario, una bandera roja en medio de la confrontación.


El olor del conflicto se insinuaba en el aire. Una mezcla de adrenalina, tensión y la fugaz sensación de la ansiedad flotaba a su alrededor. 

Amancio comenzó una carrera desesperada, el sonido rítmico y acelerado de sus propios pasos que se mezclaba con la ansiedad palpable en el aire. El ritmo de su respiración se intensificaba, transformándose en un sutil zumbido que marcaba la velocidad de su escape. Cada exhalación resonaba como un eco nervioso mientras sus pulmones luchaban por mantener el ritmo de su desesperada huida.

Dos individuos sacaron navajas de sus bolsillos y comenzaron a perseguirlo, El crujir de sus zapatillas sobre el pavimento, un sonido irregular y amenazante, se fusionaba con las voces guturales de sus amenazas.

En un instante, el cuerpo de Amanció, impulsado por la sensación de peligro, desató las fibras de sus dedos que envolvieron los cuellos de ambos pandilleros, La huída de los tres pandilleros restantes marcó el inicio de una nueva fase en la escena, los dos pandilleros que lo habían perseguido cayeron inconscientes, amanció suspiró de alivio.

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